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martes, 5 de abril de 2011

EL REENCUENTRO


La había vuelto a encontrar.
Ella estaba ahí, con su imagen exultante de mujer amada.
¿Cuánto tiempo había pasado? ¿años? ¿siglos? ¿un tiempo sin medida?
Cómo saberlo, si parecía como si saliera de un profundo, indescriptible, inmensurable sueño.
Todo parecía la más negra noche nunca vista. ¿Por qué estaban ausentes las estrellas?
¡La había vuelto a encontrar!
Quiso entonces tocarla, acariciarla, besar mil veces.
Mas su boca no tocó la amada boca y sus brazos se hundieron en la noche sin estrellas.
Supo entonces que los dos estaban muertos.

AUTOR: Javier Aviña Coronado
PAÍS: México


* INÉS *



No puede remediarlo, no.
Es escuchar una melodía que me gusta y mi pensamiento despliega sus alas blancas por completo.
Se despierta Inés y extiende sus majestuosas alas en un cielo cualquiera, que le invita a conocerlo.
Los pies dejan de tocar la tierra firme y el cuerpo se vuelve tan ligero como una pluma, flotando en el aire a su antojo.
Ya nada, de lo que deja atrás, le importa.
Sólo su vuelo, en pos de mares del color de las turquesas. Nubes de blanco algodón, en las que se para a contemplar la siguiente o la anterior.
El único testigo de su aleteo es el viento colándose en sus cabellos sinuosos, como si fuera una caricia.
La razón que le acompaña siempre, cambia cuando quiere, a voluntad según el cielo.

Es sonido de agua, avanzando por las rocas, sin destino ni final.
Es el ulular del viento, en la cima más recóndita de cuantas pudo imaginar, sin frío, ni temporales.
Puede sentirse tan etérea como el susurro de una guitarra, que despacito desgrana una bella canción.
Su piel se emociona rodeada de mil estrellas rutilantes, con la majestuosidad de su ensoñación elegida.
Y su alma rezuma paz, cada segundo de todos ellos.
Sus alas, las de sus sueños, son el modo de dejar atrás lo que no le gusta, para siempre.
Volar alto, muy alto, donde todo es calma y donde ella soy más ella.
Ella sola, sin preguntas ni pesares. Sin relojes, ni tormentas, vuela… porque le gusta.

AUTORA: Inés
PAÍS: España

LA ILUSIÓN VIAJA EN EL METRO



Después de haber viajado varios kilómetros en un desvencijado camión para salir de su pueblo, Esteban se encuentra ya en plena carretera, a bordo del autobús que le conducirá a la Ciudad de México. La flamante mochila que lleva al hombro, no sólo contiene algunos alimentos y modestos enseres personales, sino que será su tarjeta de presentación cuando se mezcle con los cientos de usuarios del metro, todos con mochila en la espalda, que así lo platicaba su primo Urbano, quien, a su vez, escuchó la historia por parte de los hijos de Nicanor, afortunado sujeto que no hace mucho tiempo estuvo trabajando como albañil en la gran ciudad, donde, precisamente, el metro fue su más socorrido medio de transporte.

Esteban empezó a soñarse en el metro desde entonces. Apenas podía creer que era casi tan largo como un ferrocarril y menos aún que viajara debajo de la tierra; de esas calles y edificios que hasta ahora sólo había imaginado, pero que ya estaba a pocas horas de convertirlos en realidad.

Por sólo tres pesos, repetía Esteban para sus adentros. Tres pesos, y además del viaje, que podría alargarse por todo el día, lo más importante para este jovencito de dieciséis años de edad, habrían de ser los espectáculos que en el metro se ofrecían. Aquellos relatos del primo Urbano, en verdad que lo habían impresionado. ¿Cómo imaginar que dentro de los vagones, en el trayecto de cada viaje, se ofrecieran tamaños espectáculos? Esteban, de alguna manera, se daba una idea del interior de los vagones, pero no alcanzaba a comprender cómo se organizaban tales espectáculos. ¿Habría una especie de foro como el de la carpa de la feria que cada año visitaba el pueblo? O bien los actores realizaban su actuación en medio de los pasillos, tan rápido como les fuera posible para repetirla en cada vagón.

Aquello era lo de menos. Lo importante es que el espectáculo existiera. Que los cancioneros, los payasos, los piratas y los faquires estuvieran allí, realizando todos su actuación para beneplácito de los pasajeros y, ¡lo increíble!, por los mismos tres pesos del pasaje.

¡Qué ilusión! ¿Cómo será el número de los piratas?, pensaba Esteban una y otra vez, recordando las recientes películas en el único cine del pueblo. Y los faquires, además del que platicó Urbano, que apoyaba con fuerza la espalda sobre un montón de vidrios, ¿habría otros números más arriesgados?

Y por si fuera poco, cancioneros y payasos. Además ciertos vendedores de libros de pasatiempos, juegos, chistes y adivinanzas, que también hacen un trabajo artístico al pregonar su mercancía -¿Cuál es el ave que no tiene plumas?... El Ave María.
Absorto en sus pensamientos, Esteban percibió con gran desilusión el viraje del autobús para desandar el camino, de regreso a casa, por culpa del aparatoso deslave de un cerro, cuya vuelta a la normalidad tardaría varios días.

El chico desliza el cierre de la mochila y apura los alimentos, al tiempo que viene a su mente la única frase congruente que escuchó del párroco del pueblo “se vale enojarse con Dios.

AUTOR: Julián Osante y López
PAÍS: México

ALQUIMIA


Alquimia: Breve selección de versos del poema “Oráculo”

En la árida faz de la tierra
Sentado frente al paisaje inerte
Contempla perezoso el Súper Héroe
La notoriedad de un plan futuro
Que sin gran acometido en su proeza
La fama maliciosa adquiera.

Con el rostro cabalmente disimulado
Con la malla lejana del tiempo
Encubre a los que observan lapidariamente
La melancolía del infortunio
Y la decrepitud embrionaria
Del esfuerzo inútil en su designio imperfecto.

Mas el tiempo que el necio pierde
Y con excusas pretende librar
Acrecienta con torpeza la maniobra
Reuniendo amargos frutos
Que algún deplorable día
Sin remedio tendrá que probar.

Siete jaulas para cada día
Pueden determinar el vulgar escenario
Que viven en el olvido
Los ermitaños de cuyo aliento
Emana la dolorida muerte
Y el perverso elogio de las sombras.

Anuncia el gris de las nubes
La fuerza de un temporal
Las tropas elevan sus voces
Gestiones que el cielo en diluvio convierte
Y las bestias en cuevas
Prefieren morar.

Autor: Lilia Morales y Mori
País: México


.
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miércoles, 2 de junio de 2010

20 HAIKÚS / Javier Aviña Coronado

A la mujer de mis insomnios


HAIKÚ 1


CON LUZ DE CIELO
TU SONRISA DE ÁNGEL
ES UN LUCERO


HAIKÚ 2

EVA Y AVE
VUELO QUE VIENE Y VA
TÚ: PALINDROMA
.
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HAIKÚ 3

VEO SOBRE EL MAR
VOLAR AL HORIZONTE
MI GOLONDRINA



HAIKÚ 4

SEA TU TALISMÁN
TU CUADRADO MÁGICO
SOBRE TU PECHO



HAIKÚ 5

AVE ADORADA
VUELA, SURCA LOS AIRES
DE TU DESTINO



HAIKÚ 6

TÚ EMBELLECES
TODO LO QUE TE RODEA
AUREOLA DE LUZ



HAIKÚ 7


VUELA TU VUELO
MARIPOSA DE CRISTAL
CRISTAL DE ROCA



HAIKÚ 8

ES TU SONRISA
FRAGUA ENCENDIDA
Y LLAMARADA



HAIKÚ 9

TÚ TE CONVIERTES
EN MAR Y MAR Y MAR,
AZUL ETERNO



HAIKÚ 10

SÓLO TUS OJOS
ATISBAN HORIZONTES
INMENSURABLES



HAIKÚ 11

SÓLO TU BOCA
TRANSFORMA LAS PALABRAS
EN GOLONDRINAS



HAIKÚ 12

SÓLO TUS MANOS
LE DAN A CUÁNTO TOCAN
UNA CARICIA



HAIKÚ 13

SÓLO TUS BRAZOS
ENVUELVEN CON TEXTURA
DE TERCIOPELO



HAIKÚ 14

SÓLO EN TU VOZ
SE VIVE LA CADENCIA
DE UN ADAGIO
.


HAIKÚ 15

SÓLO TU ALIENTO
PERFUMA DE AZAHAR
MI SENTIMIENTO



HAIKÚ 16

EN CADA HAIKÚ
DIBUJAS TRES DESTELLOS
DE FLOR Y CANTO


.
HAIKÚ 17

SIEMPRE TE SUEÑO
CONMIGO SIEMPRE CONMIGO
¿O ES UN SUEÑO?
.


HAIKÚ 18

TE ESCRIBO HAIKÚS
ME PREMIAS CON UN BESO
(SIGO ESCRIBIENDO)



HAIKÚ 19

Haikú de Tres Palabras

INTROSPECTIVO
ILUSIONADAMENTE
ENAMORADO
.
.

HAIKÚ 20

Haikú Acróstico

LUDENS IMPROMPTU
LUCERO INASIBLE
TESORO AZUL.




AUTOR: Javier Aviña Coronado
PAÍS: México
EDAD: 71 años
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MADAMA BUTTERFLY / G. Puccini



miércoles, 5 de mayo de 2010

LETANÍA / Lilia Morales y Mori



Inasible
El día de hoy
Es igual al de ayer
Permanece con el mismo sol
Con sus mismas nubes de tarde
Y sus guijarros de lluvia nocturna
Con aromas de tierra mojada
De amaneceres sombríos
Náufragos entre el canto de los pájaros
Que anidan en el tejado
En la oquedad de los botones en flor
Junto a la frondosa huele de noche
Vestida de blanco silvestre
Que espera el canto del pregonero
El pasar del afilador de cuchillos
La madre presurosa con sus hijos
El miserable cadáver de un gato
En el pavimento
El tranvía a Xochimilco
El olor a fritanga
Los puestos del tianguis
La bolsa del mandado
El aroma de la canela
La sartén en el fuego
La carne picante
La sal en la escudilla
Los niños en la escuela
La ropa en el lavadero
El perro sobre la cama
El polvo en los rincones
Las noticias de la radio
El horóscopo del día
El tranvía de regreso
El fregadero lleno de platos
El sopor de la siesta
La telenovela de la tarde
El calor de la plancha
La tarea de los niños
El jarro de café
El cigarro en la ventana
El humo que se disuelve
Los grillos en la maleza
Las estrellas
La luna
La misma luna
Con sus mismas nubes nocturnas
La lamparita encendida
Vela de tenue luz
Por si esta noche
Alma mía
Tu regresas.

AUTOR: Lilia Morales y Mori
PAÍS: México
EDAD: 64 años

SIN RAZÓN NI DESPEDIDA / Paté de Fuá

EL ÁNGEL / Roberto Cruzpiñón


Tropecé con un ángel al dar vuelta en una esquina. Incorpóreo, atravesó mi cuerpo, pero sentí el golpe en mi alma y lancé un quejido.
(El ángel corría tratando de cazar a un querubín que revoloteaba provocándolo)

La acera estaba casi desierta y por la calle circulaban unos cuantos automóviles.

El ángel cejó de correr y me miró caído en el piso. (¡Qué ojos tan tiernos tenía y qué sorpresa tan grande mostraban!) Extendió el brazo y ayudó a levantarme. Apenado, sacudió mi traje. Tocó mi mejilla, sonrió, me besó y continuó persiguiendo al querubín que fingía esconderse detrás del tronco de un árbol.

Desde entonces, acostumbro caminar a diario en las tardes y a dar vuelta, imprudentemente, en las esquinas.


AUTOR: Roberto Cruzpiñón
PAÏS: México
EDAD: 78 años

RAPSODIA EN AZUL / G.Gershwin / Fantasía 2 / W. Disney

martes, 27 de abril de 2010

EL RÍO Y LA ESCUELA / Julíán Osante y López


En una vieja taberna de una callejuela, en algún lugar sobre la faz de la tierra, a la sazón de una tarde tan fría como lluviosa, dos hombres degustaban vino y rosquillas. Uno de ellos preguntó:
-¿En qué andas metido ahora, Mark?

-Todavía no tiene título, Edmundo, pero se trata de chiquillos. De una aventura en las márgenes del río Misisipí: un chico, huérfano y despabilado como él solo, que ha sido adoptado por una tía, tan bondadosa como estricta; pero que para el niño resulta de lo más desagradable, y de allí nace su rebeldía y espíritu aventurero.

Edmundo De Amicis bebió un trago de su jarra de vino y comentó:

-Hombre, parece interesante, y mira tú lo que son las cosas, yo también ando escudriñando en eso de los muchachos. Tengo muy avanzado un proyecto, pensando en un niño de 10 años de edad, cuyo nombre será Enrique, a partir de su tercer grado en la escuela municipal de Turín. Pretendo que el chico narre, a través de un Diario, su vida escolar y también familiar. Pienso que debe empezar con el primer día de clases, describiendo a sus maestros y compañeros.
Mark Twain, que no ha dejado escapar una sola palabra, encendió pacientemente su pipa y comentó:

-Suena bien tu proyecto, pero nada que ver con el mío. Porque mi chico –al que llamaré Tom- si algo detesta es la escuela y lo menos que podría ocurrírsele sería escribir un diario sobre ese tema.

-Me hago cargo, -apuntó De Amicis- recuerdo que alguna vez me platicaste sobre tu infancia en un puerto del río Misisipí. Así que supongo que allí se inspira tu historia, y desde luego que tendrás elementos de sobra para realizar un libro de lo más interesante; pero mi proyecto es totalmente opuesto, nada tiene que ver con un niño vago y aventurero, todo lo contrario, en mi obra resaltan los valores morales y el amor a los padres y los maestros.

-Vaya pues, ¿creerás que ya se me estaba ocurriendo que nos podríamos asociar?, es decir, armar una especie de pandilla donde tus chicos y los míos harían de las suyas entre la escuela, el río y toda la parentela. Mira, mi Tom cuenta con un amigo íntimo llamado Huckleberry Finn, hijo de un paria, un borracho que…

-Hey, hey, párale mi querido Mark, de dónde se te ocurre que yo permita que mis personajes se asocien con esa ralea. Para que te enteres, mi Enrique será ferviente admirador de un compañero llamado Deroso, que es el más aplicado de la clase, y también habrá un gran cariño por otro muchacho –al que llamaré Garrón-, que es un dechado de bondad y amor por sus compañeros. Si lo que quieres es armar camorra con personajes de la calaña de Tom y Huck, pues te recomiendo que busques a Carlos. Me parece que él está metido también con una historia de chiquillos, un tal Oliver, un chico que nació en un hospicio y termina educándose entre bandidos y mal vivientes.

-¡Oye Edmundo, sin faltar eh!, ¿acaso crees que no estoy al tanto de la obra de Dickens? Sé perfectamente que su libro, Oliver Twist, está en circulación desde hace muchos años y nada tiene qué hacer en esta discusión.

-Bueno, bueno, Mark, no te enojes, tampoco es para tanto, simplemente estaba bromeando. Mejor ahí la dejamos, yo me quedo con la escuela de Turín y tú arréglate con esa pandilla de maleantes y su río favorito. A ver de qué cuero salen más correas, y será el tiempo quien se encargue de valorar y juzgar cada obra.

-Arrivederci mio caro amico
-So long my dear friend


AUTOR: Julián Osante y López
PAÍS: México
Edad: 71 años

Woody Allen / monólogo "the moose"

VAGANDO POR MI LABERINTO / Edgar Flores Caldelas



Laberinto de ilusiones, construido de intrigas, aventuras y misterios, laberinto que aparecía mágicamente al apagarse las luces del viejo cine.

No recuerdo con precisión cuándo empezó la costumbre de acompañar a mi tía los miércoles, jueves y viernes, a los programas triples del cine Royal. Ella tenía pasión por las películas, yo, estaba apasionado de ella, y el administrador de dicha sala cinematográfica moría de amor por la tía Irene, así que la entrada era gratuita. Lo que sí puedo precisar es que fue en un programa triple de cine de horror cuándo, con doce años, me perdí para siempre en el laberinto. La película ya había empezado, el enamorado administrador me trajo, cómo de costumbre, el regalo de una “holandesa” y se acomodó mustio junto a ella.

Todo parecía tan cotidiano, saboreaba mi helado mientras en la pantalla la luna provocaba la transformación de Lon Chaney. De pronto, la música se agigantó, invadió mis sentidos, y algo se desgarró en mi cerebro. Una fiebre envenenó mi sangre haciendo temblar mi cuerpo entero, el helado cayó al piso, mi lampiña piel se llenó de pelo. Orejas, boca y ojos me crecieron deformándose, garras y colmillos me brotaron. Mi corrupción ocurría simultáneamente al del escenario en la pantalla. Cerré los ojos y me dejé perder.

Con la pobreza de la luz como cómplice, sigilosamente me alejé de mi tía. Vagué febril convertido en radiante lobo por los oscuros pasillos. Llevaba conmigo un deseo irrefrenable de destruir, morder y arañar cualquier cosa. Nadie notó mi cambio, los pocos asistentes al cine parecían presas fáciles, no había razón para no atacarlos, sin embargo, dominé el deseo. Sabía también que con facilidad podría cazar algunas ratas y devorarlas, pero mi hambre era otra, mi hambre, no tenía explicación.

Había transcurrido más de una hora cuando encendieron las luces y me descubrí trepado en las butacas de la última fila. El hechizo se había roto.

De regreso a casa en medio de la noche, mi tía iba emocionada. Al día siguiente proyectarían Picnic, con William Holden y Kim Novak. Yo experimentaba una inmensa alegría, y acariciando su mano, me preguntaba… ¿fue cierto…? ¿Sucedió realmente?

No encontré respuestas, pero tenía el presentimiento, que muy pronto volvería a vagar por el laberinto.


AUTOR: Edgar Flores Caldelas
PAÍS: México
EDAD: 60 años

EL CUERVO / E.A. POE / voz Vincent Price

sábado, 20 de febrero de 2010

PALINDROMA / Javier Aviña Coronado




ALLI VA, RAMA, DAMA, HALO, SED...

ASIRNOS A TÍ, LILI,

LILITA SONRISA DE SOL.

AH, AMADA MARAVILLA.





Autor: Javier Aviña Coronado
País: México
Edad: 70 años

JAIME SABINES / Los Amorosos

jueves, 11 de febrero de 2010

LA COCINA DEL RANCHO / Norberto Jaime Nava Monroy


La cocina del rancho de mi abuela sólo era un gran cuarto de oloroso adobe, techada con tejamanil de oyamel, piso de dura tierra, un fogón al centro que se encendía con aquella tea de crujiente ocote. Junto a él un gran metate de piedra negra, donde elaboraban de todo, desde las tortillas nejas hasta los maravillosos bisteces de carne molida. En un rincón, una gran bola de cocido adobe convertida en horno, y junto, un montón de leños para hacerlo funcionar. De igual forma se alumbraba por las noches, con unas teas de ocote que dejaban un exquisito sabor que entraba por la nariz, complaciendo los demás sentidos.

Para un infante como yo, los viajes a ese lugar fueron lograr la esperanza acariciada algún tiempo, y estando ahí todo era gozar: desde el color grisáceo del humo del fogón, como su picante olor que se metía en los llorosos ojos, el melodioso crujir de las llamas en la leña, y lo mejor de todo eso, cuándo recibía una inflada tortilla con sal, o un renegrido jarro de barro donde se alcanzaba apenas a leer el nombre de mi madre, lleno de un especial café de olla, endulzado con piloncillo, y con un pequeño pedazo de carbón apagado con ese líquido.

Después, en la huerta, los mezclados olores de las limas y toronjos, y aquel “huele de noche”, que siempre pagó su estadía con ese tan especial perfume. En la troje, los suaves balidos de las ovejas, o el fiero relincho del bayo lobo, y también el reclamo de la vaca, que necesitaba ser ordeñada, o el canturreo de mi tío Margarito atendiendo sus animales.

Aquel rancho ya no existe, pero ahora que pasaron tantos años, cada vez que por algún motivo me encuentro en un lugar donde se cocinen con leña los alimentos, de in mediato pareciera que adquirieran aquellos encantadores sabores de la cocina de mi abuela. Así mismo, cuándo vuelvo a oír el clac clac clac de la lluvia en algún techo de tejas, de inmediato estoy en aquel rancho, no se diga cuándo veo un rebaño cerca, es el mismo que suave acaricié cuándo niño.

Por eso éstos no son recuerdos, hay lugares y fechas que siempre serán actuales, aunque vivan sólo en tu memoria, están aquí en cuánto tú quieras verlos, acariciarlos, sentirlos o volver a vivirlos.

Sí, son hermosa presencia que estará siempre contigo.


AUTOR: Norberto Jaime Nava Monroy
País: México
Edad: 70 años

Gracias a la Vida / Mercedes Sosa / comp. Violeta Parra

lunes, 1 de febrero de 2010

ACURRUCADO CALMANDO EL DOLOR / Edgar Flores Caldelas


Acurrucarme en la tibieza de la cama me calma y recuerdo un sereno charco ancestral. Mastico odio contra la vejez de mi cuerpo, no sé la hora, no quiero saberla.

El dolor de los huesos es terrible, tan espantoso como espantoso es estar soñando en el desierto de arenas rojas.

Siempre odié el calor del pueblo, me obligabas a ir cada temporada de
vacaciones y lo único que disfrutaba eran los mangos y los baños en el río. Ahí sentí por primera vez el deseo de abandonarlo todo, dejar que la corriente me arrastrara.

Víctor dijo que no me alejara de la orilla, siempre estaba cuidándome, vigilándome, para ir con el chisme a la abuela que terminaba pellizcándome los brazos hasta dejármelos morados. Sin llorar me escondía en el patio, junto al árbol de guayaba y la mata de chilpaya, la barda toda de color blanco y el olor a fruta y hierba.

Cerraba los ojos hasta que el rojo desaparecía y todo quedaba negro. No hubiera podido contestar a quien me preguntara qué hacía ahí; nunca he podido responder con rapidez cuando alguien me pregunta, no importa lo tonto de la pregunta.

A esta hora siempre me digo que debo pintar mis sueños para volverlos reales, dibujarme en aquella montaña con la niña en brazos, salvándola del cataclismo. Intento imaginarme cómo me dibujaría en el sueño, yo no parezco el mismo, soy un héroe y el escenario del sueño tampoco lo conozco, si alguna vez estuve ahí en la memoria no puedo precisarlo, las cosas se olvidan con facilidad.

Tengo la seguridad que puedo ser un héroe o un maldito, aunque prefiero ser un perfecto desgraciado, así es más fácil soportar el odio de los otros.

Cuándo le aventé aquella piedra a mi hermano Rolando que le abrió la cabeza no me arrepentí, se lo merecía por quitarme aquel robot de plástico que tanto me gustaba. Sé que mamá pensaba lo contrario, pero no pudo convencerme y castigándome guardó el robot en el ropero.

Todo iba a parar al ropero, me hubiera gustado saber qué había en él, pero nunca supe donde escondías la llave.

AUTOR: Edgar Flores Caldelas
PAÍS: México
EDAD: 60 años

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ / Influencias

LA MARAVILLOSA HISTORIA DE PETER SCHLEMIHL / Javier Aviña Coronado

Adelbert von Chamisso, escritor del romanticismo alemán, es el autor del cuento La maravillosa historia de Peter Schlemihl. En ella, el protagonista Peter le vende su sombra al diablo, obteniendo a cambio un saco de inagotables monedas de oro.

A partir de entonces su vida se torna intolerable, al grado que es repudiado y prácticamente expulsado de la sociedad, porque esta le reclama que cualquier hombre que se respete debe tener una sombra que reproduzca su cuerpo al confrontarse con la luz. Las desventuras de Peter Schlemihl son tales que no puede tener siquiera a la mujer que ama porque, como dice el padre de ella “ni a un perro le falta su sombra”.

Reconozco que yo no he leído esta obra, lo que sé es lo que he escrito aquí. Pero el tema es tan sugestivo que invita a reflexiones. Para empezar, cabría pensar que no han de ser pocos los que por una bolsa con monedas que nunca se agotan darían algo más que su sombra.

La tentación a la que sucumbió Peter ciertamente que sólo podría venir del diablo, que bien que sabía el valor de la sombra de una persona. De alguna manera lo sabía también la sociedad en que vivía Schlemihl, en tanto que lo repudió por haberse despojado de ella.

¿Lo sabemos nosotros? En honor a la verdad, yo jamás lo había siquiera pensado. Y claro, no hablo de la sombra en su sentido metafórico, no de la sombra de lo que uno fue, no de la sombra de una sonrisa o de un recuerdo.

Al sugestivo tema del cuento de von Chamizo, a La maravillosa historia de Peter Schlemihl agrego solamente una frase de Vita Sackville-West:

“en la sombra de un hombre que camina
hay más enigmas que en todas las religiones del mundo”


AUTOR: Javier Aviña Coronado
PAÍS: México
EDAD: 71 años

CARLOS FUENTES / Creación Literaria

miércoles, 20 de enero de 2010

EVOCACIÓN / Estela Couvert Tronco

Elisabeth Vigee Lebrun
Autoretrato de la pintora con su hija Julie (1789)


Me gustaba oir su corazón como relojito toc, toc, toc, toc, compás extraordinario de vida, poco a poco me hundía en su latido, en su cuerpo tibio y maternal como si aún me guardara en su seno.

Era un inmenso sentimiento de paz y seguridad, mi madre como todas las madres, tierna y permisiva me permitía dormir en ocasiones la siesta con ella, me abrazaba y dejaba que pusiera mi oido en su corazón.

La provocaba a que me hablara, le decia: -dime algo mami, quiero escuchar hablar a tu corazón- y me concentraba tanto en el rítmo cardiaco como en la voz vibrante que parecía desdoblarse en ecos profundos. Experimentaba una sensación de desprendimiento y me alejaba flotando en un mundo extraordinario que tenía un mismo compás.

El eco de su voz poco a poco me atraía nuevamente a la realidad cuando ella me apartaba suavemente y procedía con sus labores hogareñas.

Era una niña y aún escucho su voz mágica emergiendo de las profundidades del recuerdo e inquieta miro hacia el cielo buscando el titilar de las estrellas que semejan el latido cósmico universal.

AUTORA: Estela Couvert Tronco


EDAD: 63


PAÍS: México

EL MAGO DE OZ / Somewhen Over the Rainbow / Judy Garland

sábado, 16 de enero de 2010

CHIRAS PELAS / Julián Osante y López

"Boys playing marbles". (1891) / fotografía original archivo de la Librería del Congreso de los E. U.

¡Chiras pelas!, pensé -y casi lo grité- al momento que observaba al cliente que comprobaba el buen estado de una mesa de billar en venta, puesta en exhibición a un lado del primer pasillo de una de esas tiendas conocidas como Club de Precios. El ruidoso clac clac de la primera bola golpeando a las otras dos, trajo a mi mente el recuerdo de “¡Chiras pelas!”, aquel grito espontáneo que salía de todos los contendientes del juego de canicas, cuando el tirador en turno, además de pegarle a la canica a la que apuntaba, le pegaba a otra que, para su mala suerte, estaba en el lugar equivocado. La regla era ineludible y el jugador tendría que abandonar el juego o volver a empezar desde la raya del tiro, según se hubiera especificado al inicio de la partida.

El probable comprador de la mesa de billar, había ejecutado una carambola con todas las de la ley, pero también, sin imaginarlo y menos pretenderlo, me había transportado a la década de los cincuenta, donde, con las rodillas sucias y raspadas, practicaba con mis amigos ese juego inolvidable de las canicas.

La imagen del recuerdo ya estaba allí. Imposible detenerla. La regla de Chiras pelas no era la única. Había otras como Calacas y palomas, Limpias, Sucias, Al con todo, Altas desde tu rodilla, Zafín zafado no es perdonado, etc., etc.

Y, también, fuera de todo reglamento, se contaba con algunas mañas extras, muy a lo personal, como aquello de gritarle al enemigo, al momento de ejecutar su disparo: ¡císcalo, císcalo diablo panzón! Frase que invocaba al mismísimo Satanás, pidiendo su ayuda e intervención para hacer fallar al tirador. ¿Los resultados? Bueno, pues esto ya dependía de la relación personal de cada niño con el aterrador personaje.

¡Así de complicado! ¡Así de sencillo! Eran tiempos en que ni remotamente se sospechaba que, algunas décadas después, vendrían otros niños –se dice- con un chip integrado, con cierta información que los haría tremendamente hábiles en el manejo de las computadoras y los teléfonos celulares, pero, tal vez, sin las aptitudes para el juego de las canicas, esa finísima actividad motora, de gran concentración y agudeza visual, donde el tiempo, la distancia y la precisión, eran todo un tratado de habilidad y destreza.

Y además, algo maravilloso que tenía el juego de las canicas era que, en ese terreno baldío, a veces con basura o lodo, se establecía la cultura de la sociabilidad y las relaciones humanas; una forma de convivencia que muchas veces terminaba con la luz del día, que arrojaba ganadores y perdedores, pero que permitía el retiro de los adversarios con lentitud -tal vez algunos abrazados con otros- como no queriendo aceptar que la jornada había terminado, y que, cada vez esto sucedía, nos acercaba a todos a dejar algún día de jugar a las canicas y, en consecuencia, a lo inevitable: a dejar de ser niños.


AUTOR: Julián Osante y López
PAÍS: México
EDAD: 70 años

lunes, 4 de enero de 2010

JULIO CORTÁZAR / Entrevista

TRES CUENTOS CORTOS / Cuauhtémoc Parra Sánchez

NEOVAMPIRO

Desde joven, ateo y todo, le tuvo un miedo irracional a la muerte y a lo desconocido, pero lo disimulaba a las mil maravillas. Poseía una gran inteligencia y por eso destacó en la escuela, en los deportes y en sus relaciones con los demás.

Pero en el fondo, se escondía un ser temeroso y débil. Por lo mismo, investigó y estudió todo lo que pudo sobre aquellos que buscaron siempre, sin éxito, la fuente de la eterna juventud. Por eso estudió Medicina y se volvió un experto en el estudio de los procesos del envejecimiento humano. Nunca aceptó que el hombre tuviera que morir.

Un día, al despertar de un largo sueño en el que se vio como un ser inmortal e indestructible, sonrió complacido. En el baño, se asomó al espejo y observó sin asombro, la palidez extrema de sus tegumentos faciales, sus enormes orejas terminadas en punta, su aspecto céreo, sus conjuntivas oculares inyectadas de sangre, sus largos colmillos que sobresalían de las comisuras labiales, y el hilillo de sangre que escurría, aún fresca, de sus labios.

Entonces supo que había alcanzado la inmortalidad.

Sonrió complacido.

INTERCAMBIO


El viejo-niño preguntó a su nieto, el niño-viejo:
- ¿Qué le pediste a Santa Claus?, yo ya hice mi carta y le pedí unos patines y una bicicleta.
- Nada, abue - contestó el niño-viejo - no le pedí nada, ya no deseo nada; nada me atrae. Me parece que ya he vivido lo suficiente para no desear nada, más que la muerte. Prácticamente ya viví y conocí la condición humana. Ya experimenté la amistad, el odio, la envidia, el deseo de venganza y la ambición. Conocí el placer y el dolor.
- Pero, debe haber algo que desees de este mundo - dijo el viejo-niño - a tu corta edad, te espera una larga vida.
- Eso es lo que no quiero, abue - contestó el niño-viejo - estoy satisfecho. De hecho, no me importaría morir en este instante.
De repente, el viejo-niño siguiendo un impulso de travesura, sin que su nieto se diera cuenta, intercambió las cartas a Santa Claus.

CARONTES CANINOS


Aquel buen hombre, de vida y alcances modestos, tenía una debilidad: su amor por los perros.

Por sus perros anteponía a su propio bienestar, los cuidados a sus canes a los que colmaba de atenciones y les daba trato de humanos. Eso le causaba la mayor de las satisfacciones. Los consideraba como los hijos que nunca pudo concebir con su esposa.

En su larga vida había tenido: Bobbys, Terrys, Pipos, Firuláis, Fridas, Amelies, Rockys, Gaias, y otros nombres más que ya le costaba trabajo recordar.

Un día, al confesar sus pecados, confió al cura su gran amor por los perros y en vez de recibir del prelado la absolución, éste lo amenazó con la condenación por su amor desmedido hacia los perros, amor que debia profesar antes que nada a sus semejantes. Lleno de temores por la anunciada condenación, murió de tristeza.

Cuando su alma llegó a la orilla del río que hay que cruzar rumbo al infierno. Todos sus perros estaban allí, prestos para pasarlo al otro lado, ante la complacencia de Caronte, el barquero del Hades, quien también era canófilo. Esta vez, Caronte no cobró el óbolo obligado a todas las almas.

AUTOR: Cuauhtémoc Parra Sánchez

PAÍS: México

EDAD: 71 años

Cantando bajo la lluvia / Gene Kelly

martes, 24 de noviembre de 2009

TRES CUENTOS BREVÍSIMOS / Javier Aviña Coronado


LA OTRA CREACIÓN

Con clara, perversa visión de futuro, el primer día creó a los Políticos; el segundo los Mensajes Spam.

El tercer día a los Economistas Neoliberales.

Inventó las Tarjetas de Crédito el cuarto día.

Creó el quinto día los Reality Shows; el sexto día las Hamburguesas y los Hotdogs.

Complacido de su perversidad, cansado por el esfuerzo, el séptimo día el diablo también descansó.


LLUVIA

Empezó a llover.

“No importa, al ratito escampa”

Eso dijo, el tal Noé.


ANTÍTOSIS

Por fuentes bien informadas se ha sabido que, en realidad, “X” todavía no despierta y el dinosaurio ya se fue.


AUTOR: Javier Aviña Coronado
PAÍS: México
EDAD: 71 años

Dancing in the Dark / Fred Astaire, Cyd Charisse

sábado, 21 de noviembre de 2009

EL TONTO LARIO / Roberto Cruzpiñón


Un cazador de lagartos lo encontró en el pantano y lo llevó al Hospital Civil del pueblo. Los médicos que lo examinaron dijeron que tenía seis días de nacido y que no mostraba deterioro de sus signos vitales. Fue hallado flotando en aguas fangosas, sin que mostrara en su cuerpo huellas de mordidas de alimañas o piquetes de moscos.

Su sobrevivencia en condiciones tan agresivas, fue siempre un misterio. La gente inventó todo tipo de explicaciones. La más simple argüía que alguna madre lo abandonó para ocultar su maternidad. La más fantasiosa, afirmaba que había caído de una nave extraterrestre.

Como no fue reclamado por nadir, una pareja sin hijos, lo adoptó legalmente. El niño creció sano, pero algo debió haberle afectado su permanencia en el pantano, porque mostraba signos de retraso mental. Su lento aprendizaje, no le permitió asistir a la escuela oficial y creció como el tonto del pueblo.

Mientras sus padres vivieron, el niño no tuvo problemas para subsistir. Al morir ellos, nadie quiso cuidarlo y vivió como un niño abandonado, en la calle. Rondaba y dormía cerca de los mercados, recogiendo desperdicios para alimentarse.

El pueblo se acostumbró a él, porque su carácter dócil y sumiso no provocaba trastornos. Rehuía a la gente y ambulaba por las calles ensimismado. En la noche, dormía en algún lugar oculto. En el día, acostumbraba senttarse en un rincón de la plaza principal, sin molestar, jugando con sus manos o acariciando su mejilla. Su cuerpo era vigoroso y saludable. Llamaba la atención su piel blanca y sonrosada, su cabello claro y el azul profundo de sus ojos.

- Sus padres habrán sido unos de esos ingleses o gringos que vivieron aquí hace tiempo.
- Es de otro planeta.

Así pasó el tiempo y Lario El Tonto, fue una figura decorativa.
A veces, los niños, le jugaban bromas señalándolo y gritándole “tonto”, pero no convivían con él por su comportamiento huraño.

Tan anodino era, que pocos se percataron del cambio que experimentó Lario en su conducta. Cuando se sentaba en el rincón de la Plaza principal, ya no jugaba con las manos. Ahora se entretenía mirando las revistas infantiles que recogía en la basura. Las hojeaba con detenimiento.

Eso fue poco antes de aquel Día del Niño, en que las escuelas celebraron, por primera vez en la plaza, un concurso de disfraces. Hubo niños ataviados como los personajes de la Guerra de las Galaxias, de Batman, de los Power Rangers, de Mandrake, de casi todos los héroes infantiles de las titas cómicas.

Construyeron, en uno de los lados de la plaza, un gran templete de madera, donde los niños desfilarían para la premiación en presencia de padres, de abuelos, de autoridades, de maestros.
Uno a uno desfilaron los niños disfrazados, mientras los jueces anotaban en sus hojas. Lario, también. Alguien le había obsequiado el traje con que se vistió.

Tímido, al principio, escuchó los aplausos trepado en el templete. Reconocido, todos le aplaudieron entusiasmados. Tal vez quisieron darle la muestra de cariño que nunca tuvieron con él. De pie, en medio del templete, no se movía. Parecía que miraba a los ojos de cada una de las personas. De pronto, alzó el brazo derecho, se inclinó, saltó y se detuvo en el aire. Se elevó lentamente. Dio dos vueltas a la plaza, ante la mirada atónita de la gente. Voló hacia el cielo. Y el tonto Lario, disfrazado de Supermán, se perdió en el infinito.

AUTOR: Roberto Cruzpiñón
PAÍS: México
EDAD: 76 años

JORGE LUIS BORGES / La Ceguera

CUENTECITO BUROCRÁTICO / Gilberto Novelo Rodríguez

Cualquier coincidencia con algún parecido es la pura realidad


Don Acrimonio sentía ya pasos en la azotea, a sus 70 años no se había hecho estudio alguno de próstata, aunque sabía que con unos análisis de sangre de los llamados de “antígeno prostático” se podía detectar algún problema temprano, pero una sabrosa combinación de incuria con temor de que algo siniestro pudiera estar rondando en sus adentros, le había impedido tomar la decisión para hacerse examinar, hasta que una mañana en que se agarró descuidado, sin pensarlo mucho se dirigió a la oficina de archivos del hospital donde le correspondía ir como pensionado, para sacar ficha cada vez que necesitaba atención médica.

-Señorita, vengo a solicitar que se me haga un examen de antígeno prostático.
-Como no, ¿qué número de expediente tiene?
- Creo que el NR4.
- Déjeme ver… si, aquí está. ¿Ya lo vio el médico general?
- No, no he visto a nadie, pero precisamente, vengo a que me indique que procede para que me hagan el examen.
- Bueno, es que antes de hacerle cualquier análisis lo tiene que ver un médico general.
- Pues si es así, indíqueme día y fecha para venir a verlo.
-Uhmmm…Ahhh… es examen de antígeno, ¿Verdad?
-Sí señorita, examen de antígeno prostático.
-¿Sabe qué? Eso lo maneja Trabajo Social, tiene que ir a la esa oficina y ahí le atenderán.
- Muchas gracias, señorita.

Don Acrimonio comienza a barruntar que algo no anda bien, pero se dirige a la oficina indicada, toca la puerta y de adentro le indican que pase.

-Hola… buenos días, me envían del archivo para que me digan qué debo hacer para que me practiquen un examen de antígeno prostático.
- ¿Antígeno prostático? Eso no lo atendemos aquí.
-Bueno, eso me dijeron en archivo, es por eso que vine.

- No, creo que eso lo maneja medicina preventiva, venga conmigo, lo voy a llevar con el Dr. Martínez que es el encargado de esa sección.

La chica de trabajo social muy amablemente acompaña a Don Acrimonio (Quien comienza a levantar presión en las calderas de la irritación) hasta la sección de medicina preventiva, en ella se encuentra una guapa enfermera, la trabajadora social le explica que Don Acrimonio desea que le hagan un examen de antígeno prostático, la enfermera asiente en señal que ha comprendido, y la trabajadora social, una vez cumplido su cometido, se retira muy mona despidiéndose de Don Acrimonio.

Ahora la enfermera guapa se dirige a Don Acrimonio :

-Bien, lo que usted desea es que le hagan un examen de antígeno prostático, ¿No es así?

Don Acrimonio, cuyos setenta años le han dado una gran práctica para sonreír cuando está que hecha chispas, especialmente cuando está frente a una chica guapa, sonríe, concede, y por enésima vez confirma que sí, que lo que desea es hacerse el examen de antígeno prostático.

-Qué bueno que vino, es muy necesario que las personas de su edad se practiquen este tipo de exámenes simplemente como medida de prevención; por desgracia son pocos los que se acercan a nosotros y es una lástima, pues aquí en medicina preventiva podemos llevarle un récord continuo de sus exámenes y vacunas. ¿Tiene usted su cartilla nacional de salud?

-¿Mi cartilla de salud?
-Sí, mire, una como esta.
-Ah, sí, hace un par de años que vine al hospital me vacunaron contra la influenza y creo que la tengo en casa, ¿Debo traerla?
-Sí, la próxima vez que venga a consulta la trae por favor, en ella podemos llevar sus controles.
-Qué bueno…y a propósito…¿Me podrán poner la vacuna en esa próxima vez ?... creo que ya me toca.
-Uhmmm… por ahora no va a ser posible, no tenemos esa vacuna.
-No tenemos… ¿Significa que no la tienen por el momento? … O que ya no la van a tener.
-Que no la vamos a tener, pero puede ir usted al Centro de Salud y ahí se la ponen gratis.

-Muchas gracias, y ahora lo del antígeno, ¿Cuándo me puede dar cita el Dr. Martínez para la consulta?
-Déjeme ver… (Comienza a hojear el libro de consultas del Dr. Martínez) …uhmmm…ya está lleno….ya está lleno…el próximo lunes, eso es, el próximo lunes a las diez de la mañana.
-Bien, eso es dentro de cuatro días, aquí estaré para ver al Dr. Martínez, muchas gracias y hasta el lunes.
-A las diez.
-A las diez.

Don Acrimonio pasa los cuatro días siguientes felicitando a sí mismo por la firme decisión que ha adoptado para tener un poco más de cuidado con su ya bastante estropeado cuerpecito, total y de cualquier manera, a esa edad ya no puede uno trabajarse sin aceite como antaño, por lo que es tiempo de sentar cabeza y hacer las cosas bien, hay que hacer caso a los médicos, aunque sea al final de la jornada.

El lunes muy de temprano, Don Acrimonio revisa su agenda y verifica que a las diez de la mañana debe estar en el consultorio del Dr. Martínez, así que a las 09:55 se apersona ante la enfermera.

-¿Me recuerda? Vine la semana pasada para solicitar un examen de antígeno prostático y tengo cita con el doctor a las diez.
-Ah, sí, cómo no, en un momento lo atiende el médico.

Cinco minutos después, el Dr. Martinez, con una sonrisa se asoma a la puerta y llama:

-El que sigue.

El que sigue, o sea, Don Acrimonio, entra al consultorio. El Dr. Martínez adopta una postura muy profesional y pregunta:

-¿En qué puedo servirle?

Don Acrimonio no concibe que a estas altura el Dr. Martínez no sepa (si ya todo el hospital lo sabe) que lo que desea es un examen de antígeno prostático.

-Sabe Dr., yo vengo para que se me haga un examen de antígeno prostático.

-¿Ya se hizo exámenes para detección de colesterol, glucosa y triglicéridos?
-No, hace ya un buen tiempo que no me los hago.
-Bueno, aprovechando creo que se los vamos a hacer, pues son muy necesarios, le voy a dar una solicitud para laboratorio, la lleva usted y ahí le indicarán cuando le tomarán la muestra de sangre.
-¿Y el antígeno prostático?
-Bueno, eso no sé bien como se está manejando, pero vaya usted al laboratorio y ahí le dirán qué es lo que tiene que hacer.
-Don Acrimonio, que a los setenta años se ha vuelto un viejo impaciente, refunfuñón y cascarrabias que no aguanta nada, sale echando humo por las orejas, pero haciendo acopio del autocontrol que ha practicado en sus clases de yoga infusa, llega a la puerta del laboratorio y extiende la solicitud al enfermero en turno.
-Ah… examen de sangre… ¿eh?... ¿Puede venir pasado mañana muy temprano y en ayunas?
-Claro que puedo venir, pero lo quiero saber es si me van a hacer el examen de antígeno prostático.
-¿Antígeno prostático? … no… eso no lo hacemos en este hospital, tiene usted que ir al del Seguro Social para que se lo hagan… ¿Qué… no le dijeron?

FIN

AUTOR: Gilberto Novelo Rodríguez
PAÍS: México
EDAD: 70 años

Smile / Charles Chaplin

HAIKÚS / Lilia Morales y Mori



Camino De Piedra

Vuela descalza

El camino de piedra

La triste sombra

*

Cristal De Agua

Cristal de agua

Que bebe el espejo

Sed de tu cara

AUTOR: Lilia Morales y Mori
PAÍS: México
EDAD: 63 años

Escena de la Armónica / El Gordo y el Flaco

domingo, 8 de noviembre de 2009

EL CONTRAMAESTRE / Gilberto Novelo Rodríguez



… estoy de paso por el puerto donde permaneceré solamente unas horas y vine a visitarte unos minutos porque el cojo Jaramillo me dijo donde estabas pero nunca imaginé el estado en que te iba a encontrar aunque debí suponerlo porque estoy seguro que tienes ya casi cien años que me parecen pocos mi viejo contramaestre y ahora que te encuentro en estas condiciones no te hubiera reconocido si la monja enfermera no me dice cuál era el número de tu cama y cuando le pregunté qué tienes la enfermera monja me dijo que no tienes nada que no es que estés enfermo sino que solamente es el peso de tus casi cien años los que te tienen así pero a mi me parece que padecieras todas las enfermedades del mundo pues te veo como dicen en el puro esqueleto con esa piel que ya tenías curtida por el sol y la sal marina pero que ahora luce arrugada y marchita como si fuera de un curtido cuero antiguo repujado de venas y tendones que se enredan en los huesos de tus brazos secos y salpicados de llagas que me dicen se te hacen por pasar demasiado tiempo postrado en cama porque ya no puedes moverte a pesar que hace apenas unos años esos brazos fuertes y poderosos estaban llenos de energía y se tensaban al trabajar las amarras de los barcos o al jugar a las vencidas en las cantinas porteñas donde casi siempre salías vencedor y nos invitabas a todos del cartón de cerveza que te habías ganado para después seguir la farra por las tabernas del puerto pero especialmente en El Farol de Salina Cruz donde todavía me parece verte en la pista bailando con Doña Tere la dueña que te quería tan bien y tan bien que te quería que siempre te fiaba todo lo que tomabas esperando que le pagaras al regreso del siguiente viaje porque siempre le decías que le pagarías al regreso del viaje y siempre se quedaba esperando porque nunca le pagabas pero te volvía a fiar y te volvía a fiar Doña Tere la dueña de El Farol la que bien que te quería aunque que nunca le hiciste jalón pues preferiste embaucar a su entenada la Mariquilla y llevártela a vivir a Manzanillo hasta que tu otra señora la de Acapulco se enteró y te armó la gran bronca que sirvió de algo pues estuviste por un tiempo serenito serenito hasta que te hizo ojitos aquella chamaca de Guaymas que se te metió muy duro y de la que me acuerdo como era pero ya no me acuerdo como se llamaba aunque creo que le decían la Piqui y volviste a las andadas haciéndole ganar a todos los que apostaban a que no tenías remedio y que además tenían razón porque eras así y así fuiste toda tu vida hasta ahora que ya no puedes ser más así ni de ninguna otra manera y no es porque estés enfermo sino porque como dice la enfermera monja estás bien sano solo que tienes casi cien años y ya no puedes ni moverte por lo que tristemente ahora tienen que cambiarte de pañales y bañarte y darte de comer casi a fuerzas esa horrible papilla porque ya no tienes dientes para masticar y te la tragas de golpe sin hacer gestos aún cuando en tus ojos semiabiertos tristes y apagados puedo ver que la quisieras escupir pero ya no puedes ni escupir y ni siquiera protestar ni hacer nada para impedirlo ni hacer nada de nada y solo puedes dejar hacer que te hagan y no te queda más que soportar esta humillante y dolorosa situación quién sabe hasta cuando porque ya llegará ese cuando pues sabemos que de esa cama no te vas a levantar aunque estés sano como dice la monja enfermera porque ya tienes casi cien años y al verte así decrépito y llagado parece que la vida te va a negar una muerte digna y que no tendrás mas remedio que morir como te estás muriendo y te vas a seguir muriendo despacito despacito en esa prolongada agonía mientras los que te conocimos cuando eras todo un pícaro independiente y orgulloso nos cuesta trabajo verte ahora supeditado a esas monjas enfermeras y peor sabiendo que estás sano pero solo que te pesan tus casi cien años y creemos que tal vez pienses que hubiera sido mejor haberte muerto hace tiempo ahogado o de bala o comido por un tiburón y no morir sano como lo estás ahora languideciendo de viejo y muriendo lentamente poco a poco sin poder valerte por ti mismo para nada postrado en ese lecho quién sabe por cuanto tiempo más a merced de las enfermeras monjas y tal vez recordando tus buenos tiempos de la vida de mar cuando todavía estabas fuerte y soportabas toda clase de adversidades sin quejarte porque no recuerdo haber oído quejarte nunca aunque en ocasiones parecías muy cansado después de las pesadas faenas en los barcos sin protestar o lamentarte siempre con aquella sonrisa que nunca se apartaba de tus labios así como ahora veo que tampoco te quejas pues aunque quisieras no te puedes quejar porque ya no puedes ni quejarte ni hacer nada sino tal vez solamente recordar y recordar aquellos entonces cuando disfrutabas la vida dándole vuelo a la hilacha cada vez que llegabas a puerto corriendo parrandas que duraban hasta que se te acababa el poco dinero que te quedaba después de mandarle casi todo lo que ganabas a tus cuatitos de Mazatlán y después recurrías a Doña Tere o a otras amiguitas que te soportaban todo porque entonces eras galán y traías de un ala a tantas que ya no me acuerdo cuántas fueron pero de las que fueron todas se te fueron incluyendo a aquellos gemelitos que tuviste con una de ellas y que siempre mantuviste y que llevabas a todas partes cuando estabas en puerto porque me parece que si a alguien quisiste en el mundo fue a esos dos muchachitos que con el tiempo terminaron también perdiéndose en los vericuetos de la vida muellera como también se perdió algún día aquella sonrisa que siempre te acompañaba y te quedaste solo sin saber que se hicieron todas esas mujeres con las que viviste ni donde anden tus gemelitos con los que te divertías de la misma manera que te divertías con toda la marinería a la que siempre hacías reír como en aquella ocasión que recuerdo cuando contabas que un predicador de Ensenada casi te convence de que unas excoriaciones que te salieron en las palmas de las manos y en los pies eran los estigmas de Jesucristo hasta que el médico de a bordo te dijo que eran hongos y con esas puntadas hacías reír a aquellos marineros que ahora nadie sabe donde andarán y quién sabe si se acuerden de ti o si tú te acuerdes de ellos porque ahora yo no sé si es que tengas recuerdos o inclusive no sé si sepas quién soy pues tu expresión no me dice nada y solo quiero creer que me reconoces porque no me has querido soltar desde que llegué apretándome con la increíble fuerza que aún tienes en esas manos enjutas de dedos largos secos y nervudos que nadie que los viera pudiera creer que fueran capaces de apretar tan fuerte y al tener prendida mi mano haces que fluya un caudal de recuerdos de los tiempos aquellos cuando anduvimos embarcados por años y años cruzando mares y mares visitando puertos y puertos y de entre tantos recuerdos me llega ahora aquél de cuando mataron a tu hermano allá por la costa chica los de apellido Santos que ya se traían porque tu hermano había matado al hijo de Audiel Santos que había matado a un primo tuyo por ahí de los años cincuenta aunque ya nadie sabía a quién había matado ese primo pues la huella de las rencillas familiares de la sierra se pierden en los recuerdos de los que todavía están vivos y que saben o que oyeron decir o que están seguros de que alguien de la otra familia había matado a alguien de la suya en esa cadena interminable de venganzas que entretejen la historia de las tierras de Guerrero pero el caso es que cuando te avisaron pediste permiso para ir a su velorio y cuando te habías desembarcado notamos que del pañol de armas faltaba una carabina que devolviste al regreso de tu licencia pero en la que faltaban cinco cartuchos por los que te echaron seis meses en la cárcel donde te la pasabas diciendo que bien valía la pena ese tiempo a salvo de alguno de los de apelativo Santos que quisiera cobrarse deuda pendiente que tuvieras aunque cierto es que gracias a la vida itinerante que llevabas nunca te molestaron como si las cuentas de por allá se saldaran únicamente entre los que se quedan en la sierra porque los que se van a otras partes quedan descalificados para la venganza pues qué chiste tiene ir a matar a un Santos en Los Ángeles si nadie del pueblo se va a enterar así que a ti nadie te fue a perseguir a Mazatlán o a Tampico total que para que si todavía habían otros parientes tuyos viviendo en la costa chica que sí calificaban para venganzas pero eso sí que no volvieras por allá porque te quebraban y al fin y al cabo nunca volviste pues te la pasaste navega y navega de barco en barco y de puerto en puerto hasta que se te acabó la cuerda y cuando te tuvieron que jubilar me dicen que te dedicaste a hacer modelos de barquitos de madera ya que siempre fuiste muy hábil para eso y para hacer cajitas decorativas con nudos de aquellos que nunca supe cuantos sabías hacer aunque una vez oí que eran más de cien aunque no creo que hubieran sido tantos los que nos enseñaste cuando llegamos jóvenes a los barcos y créeme que todavía recuerdo algunos de aquellos nudos que eran muy prácticos y se usaban todos los días y otros que eran como de fantasía muy como para adornos y me dijeron también que hacías veleros y camaroneros y guardacostas en miniatura y que algunos los metías en botellas y los andabas vendiendo por los cafés del puerto y con eso y tu magra pensión te mantenías pero que la vista se te fue cansando y que ya no pudiste ni sostener las herramientas y que te fuiste secando como una pasita y que después ya no podías siquiera caminar hasta que unas manos piadosas te trajeron a este asilo donde estás atendido por unas monjas enfermeras monjas en medio de las cuales vas a terminar la vida tú que nunca trataste ni por asomo a una religiosa sino que siempre anduviste rodeado de aquellas que se consideran su contraparte y que una a una te fueron dejando como ahora yo también te tengo que dejar pues como te dije estoy solo de paso por el puerto y vine a verte unos minutos gracias a que el cojo Jaramillo me dijo que estabas aquí y por eso pude visitarte pero no sé cuando pueda regresar así que me despido y solo espero que te sean leves los dolores de tu postración y de tus horribles llagas pero principalmente deseo que tu mente quede impedida para generar recuerdos porque nunca como ahora entendí aquella sentencia del Dante cuando decía que el mayor dolor que hay en el infierno es el de recordar los tiempos felices estando en la miseria …

FIN
AUTOR: Gilberto Novelo Rodríguez
PAÍS: México
EDAD: 70 años

As time goes by / Película Casablanca / H. Bogart, I. Bergman

jueves, 5 de noviembre de 2009

EL MAGO / Roberto Cruzpiñón


EL MAGO

Estudioso del ilusionismo desapareció, en una reunión familiar, una caja de pañuelos; en un teatro, la jaula y el tigre; frente a una multitud, un automóvil, un avión; después, un tren repleto de pasajeros.

Logró desaparecer el gato siamés de la familia. Entusiasmado, casi sin esfuerzo, desapareció a su mejor amigo, a sus hermanos, a sus hijos, a su esposa. Hizo lo mismo con todos sus recuerdos.

En la cúspide del éxito, desapareció el planeta tierra, las galaxias, el universo.

Fue la fase mas grave de su enfermedad de Alzheimer.


Autor: Roberto Cruzpiñón
País: México
Edad: 76 años

Cinema Paradiso / Secuencia Final

TRES CUENTOS BREVES / Roberto Cruzpiñón


EL FANTASMA

Leyó, compulsivamente, todo lo que los autores escribieron sobre leyendas, misterio, ciencia ficción, horror, asesinatos. Aprendió tarot, conjuros, magia negra, vudú, ritos satánicos. Habita, eternamente, en una casona de un pueblo abandonado, arrastrando cadenas.

EL HIJO NORMAL

El brujo y la bruja se casaron. Tuvieron un hijo al que trataron, en vano, de enseñarle sus artes. La Escuela y la Universidad de Brujos lo expulsaron por inepto. Los padres insistieron hasta el día en que, el hijo, los despedazó con un hacha.

APRECIACIONES


Para él, ella era la encarnación de la divinidad, caritativa, diligente, reservada, discreta: el paradigma de la mujer soñada. Para ella, la viril presencia de él no tenía fin: austero, cabal, caballeroso. Para sus padres, los dos eran la pareja ideal: amorosos, comprensivos, virtuosos. Para los demás, ellos eran unos perfectos hijos de la chingada.

Autor: Roberto Cruzpiñón
País: México
Edad: 76 años

JUAN CARLOS ONETTI / Mentiras

domingo, 1 de noviembre de 2009

CUADRADO MÁGICO DE PALABRAS / Javier Aviña Coronado

Más que asombro, una cierta fascinación ejerce sobre mí el cuadrado mágico de palabras: SATOR AREPO TENET OPERA ROTAS.

Mas aún cuando conocí sobre el significado que se le ha dado con el descubrimiento de la cruz PATERNOSTER.


Hace muchos ayeres que tengo conocimiento de los cuadrados mágicos de números. En buena medida he leído sobre ellos y conocido las maravillosas cualidades de algunos, tan sorprendentes que, como su nombre, parecen cosa de magia, de encantamiento. Muchos, acaso la mayoría, obra extraordinaria de la capacidad del intelecto humano que, con verdadero ingenio, admirable paciencia, férrea voluntad y decisión indomable, los ha resuelto, en épocas y circunstancias exentas del concurso de la tecnología computacional.

Pero hasta que supe de TENET descubrí que puede haber también la existencia de Cuadrados Mágicos de Palabras. ¿Es TENET el único conocido? Declaro mi ignorancia al respecto. Hasta hoy mi incursión por los caminos de Internet no me ha llevado a ninguna playa solitaria de las palabras en que descubra el perseguido Cuadrado Mágico constituido no por números sino por letras.

No descarto que mi aparente fracaso sea por exceso de inhabilidad en la búsqueda o defecto de la paciencia. ¿Y si acaso en realidad no hay más Cuadrados Mágicos de Palabras? Bueno, lo haya o no, un día se me ocurrió la idea de fabricar uno.

La idea se apoderó de tal manera de mis ancianas neuronas, que llegó un momento en que me hacía, con toda lógica, la vida de cuadritos, ciertamente nada mágicos. O si no la vida, al menos el sueño, en que en mis insomnios no saltaban ovejas una tras otra, sino filas interminables de eses, aes, eles, emes, oes, que se arrinconaban, entraban y salían en 25 recuadritos.

Afortunadamente no duró mucho. Un caluroso domingo, a bordo de un vetusto autobús suburbano, proletario medio en que me transportaba del pueblecito en donde vivía a la civilización, se me prendió la bujía. Fue como un destello del big bang transferido a mi escala personal. Allí, ante mis ojos cansados, ante mis neuronas anóxicas estaba –yo lo vi esplendoroso- el buscado Cuadrado Mágico de Palabras.

Este es, y con especial satisfacción lo comparto contigo:



Autor: Javier Aviña Coronado

País: México

Edad: 71 años

Cuadrado mágico de palabras es una obra protegida por Derechos de Autor

JOSÉ SARAMAGO / Second Life

LAS SEÑALES / Lilia Morales y Mori

Las Señales


Repentinas
como las estrellas fugaces
Las señales de luz
Descienden en el delirio
De una duda inquietante.

Son austeras y discretas
Viajeras frágiles
De la memoria sin razón.

Peregrinas llegan candorosas
Y se alejan eclipsadas
como el sol bajo la nube
que esconde el fulgor de los rayos
Incendiando el ígneo calor.

Las señales
De ámbar se visten
De éter se inflaman
De ecos se dicen.
Del tacto nos llaman
Con voces que tocan
Colores de graves espías.

Más la vida
Las pasa de largo
Como sueños que en el viento
Las evoca
Como ríos que en el agua
Las olvida
Como cantos que enmudecen
En el rostro sempiterno
Del glauco cristal
En mis noches profundas
En mis tristes ensueños.


Autor: Lilia Morales y Mori

País: México

Edad: 63 años

Doctor Insólito / Dir. S. Kubrick

AZUL / Lilia Morales y Mori

HOMENAJE AL POETA JORGE CUESTA

Azul
Se disuelve el tiempo
Tormento fermentado
En la alquimia de los siglos.

Azul
Éxtasis por donde fluye el mar sombrío
Prisionero de la soledad
Errante en la celda de tu cuerpo.

Fatuos pasadizos
Que azul enclavan tu melancolía
Como el veneno del cristal
Ardiente y lúcido reflejo
Cuando transpira en la materia
La suprema síntesis del firmamento.

Adormecido bajo el cristal de luz
La piedra se enciende como una antorcha de fuego
Que resplandece inútil
Lacerante
Polvorienta como la crisálida
Que gime en las tinieblas
Del navío que se hace a la mar.

Azul
Como el pensamiento que asume la palidez del cielo
En vértigo extenuante
Los secretos y las cavernas impenetrables
De noches lúgubres
Que tus ojos cansados de sueño contemplaron
En la visión armoniosa
Del espíritu colmado de silencios
Que germinan con la aurora
A la luz del recuerdo
En el lenguaje infinito de tus versos.

Azul
Como el canto a un dios mineral
Que se construye en lo profundo
Del agua adormecida
y se mezcla en la ceniza de los sueños
cuando viaja el rumor de la nube
que el viento dispersa
y yo veo la señal de tu mano
que el tiempo altera
En el agua espumosa.

Azul...
Siempre azul
Líquido cristal.

Autor: Lilia Morales y Mori

País: México

Edad: 63 años

El Viejo y el Mar / actor: Spencer Tracy